Paisajes de ensueño (2)

Publicado en por Lǔ Xī Xī

¿Por dónde nos habíamos quedado? Ah, sí, la excursión a los campos de arroz. Ese día poco más hicimos, una vez acabada la visita a las terrazas, nos montamos en el autobús para volver a Guilin. Por el camino hicimos otra parada de esas para que el guía se gane una comisión. Visitamos una plantación de té y luego nos dieron a probar distintos tipos de té con la intención de que compráramos alguna bolsita. Ya he perdido la cuenta de a cuántas ceremonias de té he asistido ya porque raro es el tour en que no te llevan a una, pero bueno, no seré yo la que se queje de poder beber té gratis.

 

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Plantación de té.

 

Al poco de montarnos en el autobús, paramos un segundo para que una francesa comprara naranjas a uno de los vendedores que estaban en la carretera. Por unos dos euros le dieron algo así como cinco kilos de naranjas, así que nos convidó a todos. Cuando llegamos a Guilin, nosotras fuimos las últimas a las que nos dejó el autobús. ¡Y menos mal! Después de ver los hotelazos de los demás, seguro que se habrían reído del cuchitril que era nuestro hostal.

 

Para el tercer y último día teníamos contratada otra excursión (esta vez en inglés) que resultó ser todo un "chow". En teoría tenían que venir a recogernos al hostal a las 8 de la mañana, pero a eso de las 7:15 una chica vino a nuestra habitación para decirnos que íbamos tarde, que teníamos que irnos ya. Por suerte ya habíamos terminado de arreglarnos (como dice un amigo mío y ex-bloguero de este sitio, "¿Arreglaros? Ni que estuvierais rotas"), así que nos bajamos inmediatamente. En el mostrador nos dieron instrucciones de coger un taxi para ir a una gasolinera y llamar por teléfono a la guía una vez estuviéramos ahí. "La guía habla inglés, ¿verdad?", pregunté yo, inocente de mí. "¡Claro, claro!", me contestaron. Encontramos la gasolinera sin problemas y llamé a la guía. Por supuesto, no hablaba ni papa de inglés. Menos mal que el año que llevo estudiando chino me sirve de algo de vez en cuando y nos entendimos.

 

A la media hora llega un autobús y cuando nos montamos, ¡sorpresa! Todo el mundo es chino (niños y abuelas incluidos) y la guía se pone a repartir pegatinas a todo el mundo menos nosotras. Al rato la escucho hablando de nosotras con alguien por teléfono: "Hay dos guiris [sí, dijo guiris, no extranjeras] que bla bla". De repente, el autobús para y todo el mundo se baja. Perdemos de vista a la guía y nos vemos rodeadas de más chinos que venían con otros grupos. No hay ni un solo occidental. Entonces descubrimos que estamos en un mercadillo y que las misteriosas pegatinas son para que, si alguien compra algo, el vendedor sepa con qué grupo viene y a quién le tiene que dar la comisión.

 

Cuando salimos de allí, la guía nos dice que ha habido un error y que ese no es nuestro grupo, que nos dejan allí pero que alguien vendrá a recogernos. A esto que todos los chinos se montan en los autobuses y eso se queda medio vacío. Así que allí nos quedamos nosotras, en mitad de la carretera y preguntándonos si de verdad vendría alguien. Después de media hora viendo pasar autobuses con guiris y de hacerles la ola, por fin llegó nuestro autobús. Al parecer, habían confundido nuestro tour y el de dos chinos que también se alojaban en nuestro hostal. Nosotras al menos conseguimos encontrar nuestro grupo, los chinos se quedaron sin excursión.

 

Una vez en el autobús correcto, nos pusimos rumbo al embarcadero donde nos esperaba el barco que nos llevaría por el río Li (漓江 Líjiāng). El crucero de Guilin a Yangshuo duró unas cuatro horas, hizo un tiempo espléndido (se me olvidó echarme crema y me achicharré enterita) y pude ver algunos de los paisajes más bonitos que he visto nunca.

 

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Son precisamente estos montículos rocosos los que inspiraron el diseño del billete de 20 yuanes:

 

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Estando en el barco, el guía nos comentó que en el camino de vuelta en autobús a Guilin había una parada voluntaria para ver cómo trabaja un campesino. La gracia salía por 200 yuanes por cabeza, así que sin pensárnoslo dos veces le dijimos que no estábamos interesadas. Se nos volvió a acercar un par de veces más para intentar convencernos, nos dijo que el resto del grupo quería hacer la visita. Yo esperaba que si le seguíamos diciendo que no, nos dejaría hacerlo gratis, pero no, lo que hizo fue dibujarnos un mapa (o algo así) en una servilleta y nos dijo que teníamos que buscar un hotel donde vendría un autobús a recogernos solo a nosotras. Si llegábamos tarde, se iba sin nosotras. Desde luego, no creo que el guía ese se lleve muchas propinas de los turistas.

 

Cuatro horas y un bronceado cangrejil más tarde, llegamos a Yangshuo (阳朔 Yángshuò), un pueblecito con mucho encanto, muchos guris y muchas tiendas de souvenirs. Nada más llegar perdimos de vista al guía, así que no nos quedó otra más que confiar en que conseguiríamos descifrar el mapa. Si alguien decide ir a Guilin y tiene tiempo suficiente, recomiendo que paren una o dos noches en Yangshuo, se alquilen una bici y recorran los alrededores. Yo me quedé con las ganas.

 

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Nada más desembarcar.

 

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Una de las muchas calles donde vendían souvenirs.

 

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El McDonald's más bonito que he visto nunca.

 

Gracias a nuestro estupendo sentido de la orientación, dimos con el hotel sin problemas y, tal y como nos habían prometido, vinieron a recogernos. Durante todo el camino nos acompañó otro guía que resultó ser un cachondo y mucho más simpático que el otro, ¡qué buenas risas nos echamos con él! Cuando llegamos a Guilin, nos recomendó un restaurante especializado en un tipo de carne muy peculiar. Atención, recomiendo a la gente que sea muy sensible con los animales que no lea el pie de la siguiente foto:

 

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Carne de perro.

 

Para despedirnos de la ciudad, fuimos a darnos otro paseo por el lago donde están las dos pagodas:

 

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Arabella 06/01/2012 23:13

Hey...! No has visto a los "avatar" azules en sus bichos voladores? ¡No puede ser! jejej Supuestamente era ahí de donde sacaron la idea/inspiración para sus montañas sagradas... no?

Lǔ Xī Xī 06/02/2012 10:46



Jeje, pues no andas muy desencaminada, se inspiraron en otras montañas de China, las del parque Wulingyuan (武陵源), en Zhangjiajie (张家界).