Embajadora española de tres al cuarto por Shanxi (1)
Jason lleva algún tiempo intentando llevarnos a otro colegio que también pertenece al mismo grupo que el nuestro. Ayer, finalmente, decidimos que hoy era el mejor día, ya que tanto Manu como yo no teníamos clase hasta última hora de la tarde, así que podíamos ir por la mañana. Por primera vez en mucho tiempo he madrugado y a las 8 hemos salido de casa. Hemos hecho una parada en el banco para solucionar un problemilla de la cuenta de Manu y luego nos hemos puesto en camino. Tras treinta o cuarenta minutos de auténtico pavor y adelantamientos temerarios, hemos acabado en un pueblo aún más perdido de la mano de Dios que Liulin. El nombre en inglés del colegio en cuestión es Getai School y es sólo guardería y primaria. Es mucho más pequeño que el cole donde trabajo, pero tiene su encanto.
A pesar de que avisamos ayer de que iríamos al colegio, tuvieron tiempo de prepararnos una pancarta en inglés (chinglish más bien) dándonos la bienvenida, es el cartel rojo que está colgado del edificio:
Warmly welcome to Getai Primary School, an advancing school!
Ni qué decir tiene que nada más entrar por las puertas nos rodearon varias profesoras con cámaras de vídeo y de fotos y no pararon de inmortalizar nuestra visita en toda la mañana. ¡Qué agobio!
Antes de ir a visitar las clases, pensaron que estaríamos cansados del viaje de 40 kilómetros, así que nos sentaron en una oficina, nos ofrecieron cigarros (que rechacé, tranquilidad en las masas) y fruta. A pesar de que insistí en que no quería comer plátanos, una profesora me peló uno y me obligó a comérmelo. Sí, mamá.
De repente, empezó a sonar una musiquilla por los altavoces y yo pensé: "Me suena. Seguro que es la que ponen en mi colegio al mediodía". Todos se me quedaron mirando un rato hasta que al final la profesora de inglés me soltó: "¿No reconoces la música? Es el himno de tu país. Lo hemos preparado especialmente para ti". Qué vergüenza, no reconocer ni mi propio himno. Manu hasta se lavantó cuando pusieron el de Portugal, y yo ahí sentada, comiendo un plátano mientras grababan en vídeo mi reacción ante el himno. Vaya tela.
Pero la cosa no acabó ahí: tras "descansar", fuimos a la primera clase. Para mi sorpresa, los niños habían hecho banderas de España, Portugal y China. ¡En la española aparecía el escudo y todo! Y eso que tuvieron menos de 24 horas para hacerlas. La profesora se disculpó por lo mal hechas que estaban y me pidió que por favor dibujara la bandera de mi país en la pizarra para enseñársela a los niños. Y yo: "Estooo, puedo colorear la parte roja y amarilla, pero no tengo ni idea de cómo dibujar el escudo". Segunda patada a la patria española en una sola mañana. Y Manu librándose de todo porque estaba fuera atendiendo una llamada de teléfono, ¡maldito! Os pongo un par de fotos para que juzguen ustedes lo "mal hechas" que estaban las banderas:
Nótese cómo los niños comparten pupitre y silla. Nunca más volveré a quejarme cuando vaya apretujada en la parte de atrás del coche con mis hermanas o cuando no tenga sitio para estirarme en el sofá para ver la televisión porque hay alguien más sentado.
Después de contestar a las típicas preguntas de "¿Cómo te llamas?", "¿Tienes hermanos?", "¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre?" y "¿Cómo es tu país?", fuimos a otra clase para volver a decir lo mismo. Después, nos llevaron a la sala de música para que les enseñáramos villancicos a los niños. Allí nos dieron a Manu y a mí una hoja con la letra de Jingle Bells y la directora se puso al piano. Tras un buen rato intentando explicarles que es virtualmente imposible cantar una canción tan rápida con niños de primaria, salimos corriendo a un ordenador para buscar la letra de Let It Snow. Cuando la encontramos, volvimos a la sala de música y escribí la primera estrofa en la pizarra. Mi plan era que ésa fuera toda mi implicación en el villancico ya que, como sabe todo aquel que ha jugado al Sing Star conmigo, soy capaz de hacer que llueva en el mismo Sáhara de lo mal que canto. Pero no, en la mente de los chinos no cabe que alguien no sepa o no le guste cantar (menos aún una profesora), y me pusieron en mitad de la clase a cantar a capela. Intenté hacer playback, pero como sólo éramos el portugués y yo, di un poco el cante (nunca mejor dicho).
Una vez fuera, continuamos la sesión de fotos con algunos alumnos y todo aquel que pasaba por allí:
El otro día mi padre se quirraba contándome cómo asistió a un encuentro de protésicos en Málaga para que unos técnicos alemanes les enseñaran unas nuevas máquinas. A pesar de que habían pagado por un día entero de conferencias, apenas estuvieron unas horas. El encuentro empezó tarde y al poco rato pararon para desayunar, cómo no. El almuerzo se les alargó más de lo planeado y, tras varias copichuelas, decidieron trasladar la conferencia de la tarde a una barra libre en el hotel. "Los españoles somos así", me decía mi padre. Pero los chinos no son muy diferentes, se vayan ustedes a creer. De las seis clases que debíamos visitar, apenas tuvimos tiempo para ir a dos de ellas entre tanto descanso, foto y paseo y el parón para almorzar y beber cerveza (zumo de pera en mi caso, que estoy tomando antibióticos y no es bueno mezclar).
Y como esto ya me está quedando muy largo, paro aquí para irme a cenar y mañana sigo contando más.