Xī wàng en Běijīng (2)
Lo primero es lo primero: ¡Feliz Año Nuevo! Os deseo a todos los que seguís el blog un estupendo 2011. Y espero que Fēi nán, que lleva unos días sin dar señales de vida, haya pasado unas felices fiestas aunque esté lejos de casa.
Como ya os imaginaréis, hoy os hablaré de mi segundo y último día en Pekín. Una vez más, empecé el día desayunando en el barecillo del día anterior; tenía muy mala pinta pero la dueña era la mar de simpática. Aunque la mujer me preguntó si quería otra vez carne de burro, preferí rechazarla, demasiada comida para desayunar. Esta vez me conformé con otro bāozi (包子) y una sopa que, a día de hoy, aún no sé de qué está hecha pero que estaba ri-quí-si-ma; estaba muy dulce y entraba perfectamente a esas horas de la mañana:
Por cierto, el precio total del desayuno fue de 2 ¥ (aproximadamente 0,22 €).
Una vez más, volví al albergue para reunirme con el guía, que resultó ser el mismo que el día anterior ("¿Tú otra vez por aquí?"). Yo era la única de mi hostal que iba a la excursión ese día. En el autobús conocí a un canadiense y luego fuimos a otro hotel para recoger a una pareja que resultó ser canadiense también. El camino hasta nuestra primera parada fue algo aburrido porque los canadienses se emocionaron al ver que vivían en la misma ciudad y se pusieron a hablar aboot sus cosas.
Y por fin llegamos al Temple of Heaven o Templo del Cielo en español (Tiāntán, 天坛). En realidad lo que visitamos fue el parque del templo (Tiāntán gōngyuán, 天坛公园) y no el templo en sí ya que la excursión sólo cubría la entrada al primero y había que pagar un extra para el segundo. Sólo era un par de euros, pero los canadienses no querían entrar, así que me dio cosa hacerles esperar fuera y, de todas formas, el guía nos dijo que tampoco merecía mucho la pena. Me quedaré con la duda.
En el parque no vi ni a un sólo turista, sólo a muchas personas mayores haciendo Tai Chi (tàijíquán, 太极拳), jugando al bádminton y algunos juegos de mesa. No me extraña que estén todos tan sanos.
Con lo poco que se veía del templo desde fuera.
Nuestro siguiente destino fue uno de los que más ganas tenía de visitar: la Ciudad Prohibida. El nombre viene del chino Zǐjinchéng (紫禁城), que literalmente significa "ciudad prohibida morada". Hoy en día, sin embargo, todos los chinos conocen al monumento como Gùgōng (故宫) o antiguo palacio. Se construyó en el s. XV bajo el mandato de un emperador de la dinastía Ming y fueron necesarios más de un millón de trabajadores. En total vivieron allí 24 emperadores, 14 de la dinastía Ming y 10 de la dinastía Qing.
Entrada a la Ciudad Prohibida.
Panorámica de los tejados.
Cuando los japoneses invadieron China, se llevaron muchos de los tesoros de la Ciudad Prohibida. Un ejemplo es la anterior vasija que antaño estuvo completamente recubierta de oro. Como era muy pesada para llevársela, a los japoneses no les quedó otra que rascar el oro con cucharas, de ahí los arañazos.
Estos dos árboles son parte del jardín de la Ciudad Prohibida. Crecieron de manera que tienen la forma del carácter 人 (rén), que significa "persona". Se dice que les traen buena suerte a las parejas que se echan una foto con ellos.
Y esto es ya a la salida de la Ciudad Prohibida. Lo que se ve enfrente es la colina artificial Jǐngshān (景山) y en su momento también fue parte del jardín imperial. El emperador Yǒnglè de la dinastía Ming mandó construirla con la tierra que se excavó al construir la Ciudad Prohibida. En total hay cinco cumbres en lo alto de las cuales se erige un pabellón como los tres que se ven en la foto.
A continuación nos dirigimos al Summer Palace o Palacio de Verano. Aunque, efectivamente, el emperador solía acudir a este palacio en verano, el nombre chino del lugar (Yíhé Yuán, 议和园) significa algo así como "jardín de la salud y armonía". Y no me extraña que sea palacio de verano, porque en pleno diciembre te quedas pajarito. El lago estaba helado y las barquitas para los turistas, ancladas en el muelle. Imagino que en verano se disfrutará más de la visita.

La excursión acababa con una visita a una fábrica de seda y un salón de té (otra vez), pero como pasamos cerca del Lama Temple (Yōnghé Gōng, 永和宫), los canadienses y yo le pedimos al guía que nos dejara ahí que ya nos las apañaríamos para volver a nuestros respectivos hoteles. Se trata de uno de los templos budistas más importantes de Pekín y fue construido durante la dinastía Qing. Es mucho más grande de lo que parece por fuera y hay que atravesar muchas salas para llegar a la última, en la que se encuentra la figura tallada en madera de Buda de pie más grande del mundo.
No se podía echar fotos dentro de las salas por respeto a la gente que estaba rezando, pero aquí tenéis una imagen de la estatua que he encontrado por Internet:
[Fuente: www.illabirinto.com]
A la salida del templo me despedí de los canadiense y tiré a la plaza de Tiananmen (Tiānānmén Guǎngchǎng, 天安门广场) para poder echar alguna fotillo antes de que anocheciera:
Y para acabar el día, me fui a la famosísima Wángfǔjǐng (王府井), una de las calles comerciales más importantes de la ciudad. Aparte de lujosas tiendas, también hay pequeños comercios donde comprar souvenirs por cuatro duros. Eso sí, hay que regatear porque normalmente se puede conseguir descuentos hasta del ochenta por ciento, pero ya hablaremos del regateo en otro momento.
[Fuente: zh.wikipedia.org]