¡Feliz Navidad y próspero Año del Dragón!
No hace mucho que aquí estaba yo, lamentando que iba a perderme la Navidad en España, no solo las reuniones familiares, sino también el ambiente de las calles, la iluminación, los empujones en las tiendas y los puestos de castañas asadas; pero admito que la morriña no está resultando ser tanta como la que esperaba, aunque habrá que esperar a las fechas clave (Navidad, Año Nuevo, Reyes) para ver si paso la prueba de fuego.
Empujones en las tiendas no sé, pero ahora en invierno hay más gente en un solo autobús que para ver la entrada de la Macarena. Hoy he tenido que coger uno y ha sido una tortura, hasta he tenido que gritarle al conductor para que no se fuera porque no había manera de bajarse. Y en la calle los empujones están a la orden del día, pero da igual que sea Navidad o que sea el 15 de agosto. El pueblo chino tendrá muchas virtudes, pero mirar por el prójimo no es una de ellas. Ellos se abren paso a empujón limpio sin un "disculpe" que valga la pena. Y hoy me he dado cuenta de lo peligrosos que pueden llegar a ser en los días de lluvia: esta tarde no me han sacado un ojo con un paraguas porque Dios no lo ha querido. ¡Qué barbaridad! Eso sí, cuando estaba esperando el autobús de vuelta no tenía abierto el paraguas porque solo estaba chispeando y un chino me ha preguntado en inglés que si quería que me tapara con el suyo. A veces serán unos "esaboríos", pero cuando quieren ligar, se lo curran.
Hoy he estado en un par de centros comerciales y, por un momento, me he sentido como en casa: había carteles de "Merry Christmas" por todos lados, sonaban villancicos a toda pastilla por los altavoces, tarjetas de felicitación, árboles de Navidad... Entonces alguien gritó huānyíng guānglín [bienvenido (a esta tienda)] y la magia se perdió. Es gracioso que China, un país comunista (o eso dicen), se haya subido al tren de celebrar la fiesta consumista por excelencia y por motivos completamente capitalistas (los cristianos no son precisamente una mayoría aquí). Sea como fuere, y yo que me alegro, así al menos ayudan a que resulte más fácil estar tan lejos de casa en estas fechas. Y que conste que si no me he comprado un árbol de Navidad es porque el único sitio que tengo en la habitación es meterlo conmigo dentro de la cama, porque espaciosa no es que sea la residencia.
Y castañas sí que hay aquí, y mejores. Por 1 € consigues como treinta castañas o más y de momento ni una me ha tocado con gusano. Encima se pelan mejor, cosas de las castañas chinas.
Este fin de semana quiero ir al que es el primer mercado navideño de Qingdao. Si encuentro algo digno de mención, ya lo comentaré en otra entrada. De momento he oído que hay comida alemana, así que rezo para poder comer Bratwursts hasta que pierda el sentido.