Huānyíng Fēi nán
Cuando mi buen amigo Fēi nán se enteró de que me venía a China, le corroyó la envidia y también hizo las maletas. Si no lo odiara suficiente por haber conseguido la fiesta de despedida que no me hicieron mis amigos, por haberse ido a una ciudad donde las aceras no son de tierra, por tener microondas y un suelo de verdad en el piso, por trabajar menos que el sastre de Tarzán y por no ser el único extranjero en un radio de 100 kilómetros, ahora quiere robarme la idea del blog. Como soy una buenaza, le voy a dejar que cuente aquí sus andazas por Rizhào, ciudad de nombre impronunciable.
Bromas aparte, me encanta poder compartir blog con Fēi nán y estoy segura de que a todos os gustará leer sus anécdotas, especialmente con esa gracia natural que tiene para contar las cosas. Espero que empiece a escribir pronto y nos cuente cómo le va como profesor universitario.