Otro, y otro, y otro
Hoy por fin me he encontrado con mi querido Fēi nán y juntos que nos hemos venido a Tokio. Ya es de noche y me voy en breves a la cama porque estoy muerta después de 48 horas viajando y durmiendo malamente. Pero no me quiero acostar sin contar la pesadilla que ha sido el trayecto Shanghai-Tokio. He tenido la mala suerte de tocarme un asiento al lado de un chino (Fēi nán estaba a mi otro lado) que parecía que se hubiera tomado veinte botes de fabada asturiana antes de coger el avión. ¿Me creeríais si os digo que se ha pasado todo el vuelo tirándose eructos uno tras otro y que solo paró para comer? Creo que ha marcado un récord digno del libro Guinness. Qué horror, cómo me ha levantado el estómago. Qué sufrimiento y qué ganas de tirarlo por la ventana.
Estaremos en Tokio cinco días y luego pasaremos otro par en Shanghai. Escribiremos a la vuelta para contaros lo alucinante que es este país. Solo llevamos unas horas y alucinada me hallo ya.