Tortura china
Cuando el otro día me propusieron ir a darme un masaje dije "¿Por qué no?". Sería una experiencia nueva, relajante y probablemente no muy cara. Efectivamente, ha resultado ser toda una experiencia y muy barata (7 € por 70 minutos), pero de relajante nada.
Fui con un par de amigas ayer por la tarde. Nada más entrar, tuvimos que quitarnos los zapatos y, tras decir qué masaje queríamos, nos dieron una bebida gratis y nos acompañaron a nuestra habitación en la segunda planta. Se trataba de una habitación con cuatro camas, varias perchas para dejar la ropa y una tele. Encima de la cama había una especie de pijama que nos tuvimos que poner, ya que los masajes tradicionales chinos se dan con la ropa puesta. Nos cambiamos, nos tumbamos, nos tapamos con una manta y nuestros masajistas entraron. Y ahí fue cuando empezó la tortura.
Tuī ná (推拿), nombre de los masajes tradicionales chinos, significa literalmente "presionar y empujar". Y ay si me presionaron y empujaron. Pobre de mí, nadie me dijo que los masajes chinos son de todo menos relajantes. La gente suele dárselos cuando tienen algún dolor o simplemente para equilibrar su cuerpo, pero nunca para relajarse. Me pasé la mitad de la sesión quejándome y gritando "ay ay ay". El masajista me preguntaba "Ok?" y yo gritaba "Bù ok!" (no ok), pero él seguía como si nada. Mis dos amigas también estaban igual, pero por alguna razón ellas están hoy como nuevas y yo, como si me hubiera atropellado un camión. Quizás es que estaba en baja forma (algún día tendré que empezar a hacer deporte) y no estaba preparada para la presión en las articulaciones y tendones. O también puede que sea culpa de las cosquillas. Creo que no hay persona en la faz de la Tierra que tenga más cosquillas que yo. Cuando el masajista estuvo trabajando en las piernas y la espalda, había ciertos puntos donde no pude contenerme la risa, pero claro, mi reacción era ponerme tensa y de las cosquillas pasaba enseguida al dolor.
Sea como sea, me alegro de haber ido porque fue una experiencia nueva. Pero, sinceramente, no creo que vuelva a darme un masaje corporal, aunque es muy posible que vaya de nuevo para probar (por segunda vez en China) el masaje de pies.