Vacaciones del Día Nacional (2)
Al día siguiente después de nuestro tour por Qingdao, la familia china nos recogió bien tempranito con la furgoneta y nos llevaron a la casa que tienen en la sierra de Qingdao. Poco antes de llegar al "chalé", nos dejaron al pie de una montaña para que hiciéramos una pequeña excursión con su hija de 13 años (así la niña podría darle al inglés durante unas horitas).
El parque donde casi nos dejamos los pulmones subiendo la montaña se lo conoce como Shí Lǎo Rén (石老人), que literalmente viene a significar algo así como "la roca del anciano". Cuenta la leyenda que había un pescador que vivía con su hija. Un día, el dragón que reinaba en el mar secuestró a la muchacha y el pescador se fue a la orilla a esperar que regresara su hija. Allí, frente al mar, esperó durante años y años hasta que envejeció, su espalda se arqueó y, finalmente, se convirtió en piedra.
Entrada al parque. ¿Veis la montañita detrás de mí? Hasta ahí subimos.
Noria.
Plantación de té verde.
Hotelito en la montaña.
En lo alto de la montaña.
Camino de vuelta.
Cuando salimos del parque, la niña llamó a sus padres y al poco rato llegó el tío para recogernos y llevarnos a la casa de la montaña. Nada más llegar, nos sentaron dentro de la casa y empezaron a sacarnos comida y té. En un principio, intentamos ayudar en la cocina, pero debíamos de estar haciendo tal estropicio, que muy educadamente nos mandaron al patio a empezar a comer. Allí nos pusimos "púos" de marisco, carne, rollitos de primavera y larvas de abeja. Y cerveza, mucha cerveza.
La mesa cuando empezaba a llenarse de platos.
Comiendo una deliciosa bebé abejita.
La hermana preparando la barbacoa (sí, sobre dos bidones y lo que parece dos maceteros vacíos).
Sobremesa.
Después de comer, nos fuimos a dar una vuelta por el huerto (donde la abuela se afanaba con las hortalizas), a jugar con los niños y a dormir la siesta con los hombres en el sofá.
La abuela en el huerto.
Los niños jugando.
La familia al completo.
¡Diana!
Ese día comimos bien (y gratis), bebimos, charlamos (en una mezcla de chino e inglés que daba risa), nos reímos y, en definitiva, nos lo pasamos pipa.