¡Camarera!
Mañana es el último día que estaré en el hotel y, aunque tengo ganas de deshacer las maletas de una vez e instalarme en el piso, lo echaré de menos. Es un gustazo tener toallas limpias todos los días, que me hagan la cama, me laven la ropa (¡y la planchen!), tener una habitación y baño enormes para mí sola...
En estos días de vacaciones, las limpiadoras me han pillado en la habitación alguna que otra mañana cuando han venido a arreglarla. No les importaba que yo estuviera ahí, así que me quedaba trabajando con el ordenador mientras ellas limpiaban. Son tremendamente eficientes y lo dejan todo impecable. Si todas las limpiadoras son la mitad de cuidadosas que éstas, puedo quedarme tranquila cuando vaya a algún hotel de vacaciones.
Además del típico servicio de limpieza por la mañana, también se pasan por las noches. Básicamente lo que hacen es prepararte la habitación para que te vayas a dormir. Un lujazo, sin duda. Algunas de las cosas que hacen me parecen totalmente lógicas, pero otras se me escapan. El servicio de la noche consiste en: volver a hacer la cama si está desecha y destapar sólo una esquina, cerrar las cortinas, colocar una alfombra junto a la cama, encender las luces, poner el mando de la tele en la mesilla de noche, levantar las dos tapas del váter (?), correr la cortina del cristal que separa el baño y la habitación y poner una alfombra junto a la ducha. Entiendo lo de la ducha (aunque no sé por qué suponen que me ducho por la noche cuando en realidad suelo hacerlo por la mañana), pero lo del váter es una incógnita. Si alguien lo sabe, que me lo escriba por favor en los comentarios.
Y una última curiosidad: cuando los huéspedes necesitan algo, ni se les pasa por la cabeza llamar a recepción. Es mucho más sencillo asormarse al pasillo y gritar a pleno pulmón "¡fú wù yuán!" (服务员), que alguna camarera aparecerá. Y da igual la hora que sea. Recuerdo que anoche entre sueños escuché a un buen hombre gritando justo al lado de mi puerta.