Encantado de conocerle, tome un cigarro
Los chinos tienen fama de ser gente muy saludable y longeva. Pues bien, no me lo explico. Jamás en mi vida he visto a nadie que fume tanto como esta gente: por la mañana, almorzando, en el postre, en el colegio (los profesores), cuando toman té, en casa, cenando... Poco les faltará para fumar en el baño, si es que no lo hacen ya.
La razón de que se traguen tanta nicotina es que, cada vez que ven a alguien, se ofrecen un cigarrilo. Imaginemos la vida de un profesor en el colegio: llega, ve a un compañero, le da un cigarro; se va a clase, por el camino se encuentra a otro, le ofrecen un cigarro; tiene que pasarse por el despacho del jefe de estudios, le da otro... Así todo el día. Al final terminan fumando una barbaridad y, rara vez, los cigarrillos que ellos habían comprado.
Gracias al cielo que no soy fumadora o ya tendría los pulmones negros. Desde que estoy aquí me han ofrecido chiquicientosmil cigarrillos. Como no fumo, lo que hacen es ofrecerme dátiles si es que estoy en casa de alguien. Una opción mucho más sana y, además, he descubierto que me encantan. Sólo había probado los dátiles secos, y los recién cogidos del árbol casi que me gustan más. El otro día fui a comprar un móvil y un hombre mayor que estaba en la tienda (y que no conocía de nada) se empeñó en llenarme el bolso de dátiles. ¡Qué majo!