La aventura de salir a comer sin Jason
Hoy es el último día en el hotel y las clases no empiezan hasta las 16:30, así que he preferido pasar del comedor del colegio y comer por el centro de Liǔlín. Me he ido con Emanuel y hemos entrado en el primer sitio con buena pinta que hemos visto. La camarera se nos ha acercado y señalado un menú colgado en la pared. Obviamente, no hemos entendido nada, así que lo más fácil ha sido señalar el plato que estaban comiendo en la mesa de al lado.
Desde la cocina la mujer nos enseña un huevo, que si queremos. ¿Por qué no? Enseguida nos traen una cesta con una especie de bollos para cada uno y una sopa de huevo y alga. Los "bollos" eran bāozi (包子), parecidos a los wonton (馄饨) y los jiǎozi (饺子). Son una masa rellena, en este caso, de carne (¿quién sabe de qué animal?) y hecha al vapor. Decidí no acompañarlos de salsa picante, pero sí los mojé en un poco de salsa de vinagre y soja.
Precio por persona: cesta de bāozi que no he logrado acabar, sopa y cerveza de medio litro, todo por 0,95 €. Eso sí, la pequeña cucaracha que correteaba por la pared a mi lado no era demasiado agradable.
Los bāozi en la cesta donde se cocinan al vapor.