Cumpleaños
Me enteré de que ayer fue mi cumpleaños gracias a mis alumnos; yo estaba convencido de que era hoy. ¡Muchas gracias a los que me habéis felicitado vía Tuenti, Facebook o correo electrónico!
Aunque yo soy poco dado a celebrarlo (siempre me ha parecido algo bastante tonto), la verdad es que he echado mucho de menos Córdoba, mi familia y amigos. El viernes lo celebraré junto a Sharon, una neocelandesa -de donde grabaron las aventuras de Frodo y cía-, cuyo cumpleaños es mañana. Están invitados todos los profes extranjeros, incluida el ala asiática, que he tenido el gusto de conocer hoy. ¡Pero qué sushimpáticos son los japoneses! Haré buenas migas con ellos, lo sé. Y más me vale si quiero conseguir casa gratis en un hipotético viaje a Japón estas vacaciones de invierno, je, je.
En fin, que ayer hice poca cosa, para qué nos vamos a engañar. Eso sí, por la noche me fui a cenar con Jacqueline, una compi alemana de 25 años (casada con un chino al que conoció a través de, cágate, “HI5”), y un par de alumnas suyas al barrio universitario de la ciudad, a rebosar de mercadillos y chiringuitos donde lo mismo puedes comprarte un conejito de mascotsushia (o pal' puchero) que unas batatitas asás (¡riquísimas!). Los bares y restaurantes de este barrio no están nada mal y tienen precios asequibles para la maltrecha economía estudiantil. Tras barajar varias opciones, nos decantamos por uno de los restaurantes más concurridos del lugar, famoso por su “chicken hot pot”, plato típico donde los haya de la cocina china y que en otro post ya se encargó de explicar Xī wàng. Muy, pero que muy rico. Ya me voy acostumbrando al picante... La nota cómica de la noche la puso la alemana, que animó a todo el restaurante a que me cantara "cumpleaños feliz", y no me quedó otra que ir a brindar de mesa en mesa.
Lo último que os cuento hoy: he hecho llorar a más de la mitad de mis alumnos. Bueno, no yo exactamente, sino “La lengua de las mariposas”, ese prodigio cinematográfico de J. Luis Cuerda con unos Fernando Fernán Gómez (Don Gregorio) y Manuel Lozano (Moncho) soberbios en sus respectivos papeles. Me ha encantado ver la reacciones de mis alumnos, ¡la han vivido al máximo y les ha encantado! Las carcajadas no han cesado ni un solo momento... Y, en la escena final, que a mí todavía me conmueve pese a que he visto la peli no sé cuántas veces ya, como era de esperar, la mayoría no ha podido contener las lágrimas. Creo que es una película perfecta para las clases de ELE (Español como Lengua Extranjera): profunda, culturalmente interesante y fácil de entender.
¡A momir!