Finde del 96
Este finde me lo he pasado pipa.
El viernes, Svetlana, una chica rusa que lleva 7 años viviendo en China (este es su primer año en mi uni, though), organizó una comilona en su apartamento a la que estábamos invitados todos los profes extranjeros y nuestras coordinadoras chinas. Fuimos 10, que no está mal (aquí hay mucho profe hurañillo que no sale de casa ni a palos, oiga).
Cada uno llevó un plato típico de su país: Jennie, la chinander in chief, trajo un plato típico de la región famoso por lo picante que es (y luego nos hacen creer que la “suavona” del Calentito es una salsa picante, ¡ja, ja!); Irina, otra profe rusa (y felizmente casada con un chino), preparó algo así como atún encebollado que, aunque de aspecto horrible, estaba riquísimo; y Lucas nos deleitó con una deliciosa receta de la exquisita cuisine française: ternera bañada en zumo de uva (infructuoso intento de vino tinto chino). El muá, que pensaba que la comida era a las 2 de la tarde y no a las 12, no llevó nada de jalar. Aunque bueno, eso sí, me encargué de la bebida: les llevé un tintito y un albariño que rosaron de felicidad las caras de los allí presentes (es curiosísimo lo rápido que se les sube el alcohol a los asiáticos). El postre corrió a cargo de Álvaro Hoffman, compañero de español de nacionalidad chilena, que preparó un dulce de nata y leche merengada. Aquí tenéis algunas fotos:
En cuanto al sábado, por la tarde acompañé a Svetlana al centro de la ciudad, ya que ambos necesitábamos comprar algunas cosas para la casa. Estuvimos en el equivalente chino al “El Corte Inglés”, que también tiene sus “semanas fantásticas” y todo, qué os creéis, donde todas las miradas, sin excepción, se dirigieron hacia nosotros (creo que jamás terminaré de acostumbrarme a ese combinado de miedo/admiración/curiosidad/veneración que los occidentales despertamos en estos lares): “Handsome”, me gritó una carnicera mientras con una mano agarraba el cuello de un pato (?) y con la otra señalaba mi bigote; “beautiful”, le piropearon a Svetlana. Después del baño de multitudes, aromados por el incombustible incienso de la popularidad (ríome yo de Hannah Montana y su prima hermana, ja, ja), nos fuimos a comer a un Mc. Donalds, pero un Mc chino, ¿eh?, que el de verdad es caro de cuyons aquí (unos 4 euros por menú).
Y bien, luego llegó la noche de 1996, año en el que Ánsar llega al poder en España, Bill Clinton es reelegido presidente y el “mierda” de Pérez Reverte publica la primera entrega de El Capitán Alatriste.
Estuvimos en 1996, el mejor garito de la ciudad. A Svetlana y a mí se nos unieron Álvaro, dos couchsurfers chinas y una pareja de neocelandeses la mar de apañaos'. Y la verdad, nos lo pasamos genial. El pub, de estilo occidental y con música inglesa de los años 60, 70 y 80, es el lugar donde se da cita la crème de la crème de la ciudad. 1996 cuenta con un espacio diáfano de amplias mesas y una espectacular barra; al fondo, una mesa de snooker (un billar a lo bestia); y, presidiendo la sala, un grupo de música propio que está genial. La única pega es que, claro, luxury is not cheap: las cervezas oscilan entre 2'50 y 8 euros; los refrescos, 2 €; y los cubatas, servidos en un vaso diminuto, están a 3'50 los más baratos. Pero en fin, un sábado es un sábado. Gān bēi!
El domingo, tranquilito. Por la mañana, muy temprano, me fui andando hasta la playa (a 1 hora de distancia), que OMG qué playa. Impresionante, ya subiré fotos. Por la tarde, fui a comprarme unas zapatillas de deporte (unas -fake but muy conseguidas- Nike por 6 lereles) y estuve corrigiendo redacciones de mis alumnos mientras seguía -cortesía de la COPE- el desenlace del mundial de F1.
Poco más, ahora mismo me las piro a comer a la cafetería de mi uni. Por el módico precio de 80 céntimos de euro, almuerzo y -casi que- ceno. Son las 12 de la mañana y tengo todo el día libre. He terminado mis tareas docentes por hoy, je, je, y, para mi alegría, me han cambiado el horario, juntado algunas clases, ¡y a partir de esta semana los jueves ya no tengo que pegar palo al agua! ¡Viva!