El cha ca cha del tren chino

Publicado en por Lǔ Xī Xī

Esta semana hemos tenido vacaciones, así que he aprovechado para irme de viaje al sur de China con una amiga. Como aquí la que escribe es estudiante y no puede permitirse el "lujo" de coger un avión, no nos quedó otra que ir en tren. Cuarenta horas para llegar y otras cuarenta para volver, que se dice pronto.

 

China tiene una de las redes ferroviarias más grandes del mundo que une prácticamente todas las ciudades del país. A mí siempre me ha encantado viajar en tren (mucho más que viajar en avión), y en China me ocurre igual. El tren aquí es toda una experiencia y lo recomiendo encarecidamente, incluso para viajes de dos días metidos en un vagón.

 

Existen diferentes clases en los trenes chinos. En el caso de los asientos, hay soft seat o asiento blando (软坐 ruǎn zuò) y hard seat o asiento duro (硬座 yìngzuò). Los asientos en esta última clase son algo más incómodos, están más sucios y suele haber más ruido; normalmente la clase trabajadora es la que compra este tipo de billetes. En los nuevos trenes de alta velocidad, los asientos se dividen en primera clase y segunda clase. Ambas son bastante cómodas y solo se diferencian en que en primera clase hay filas de cuatro asientos y en segunda, de cinco asientos (tres y dos asientos a cada lado).

 

En los trenes de larga distancia (y tan larga), es posible dormir en camas. Tenemos los soft sleepers o camas blandas (软卧 ruǎn wò) y los hard sleepers o camas duras (硬卧 yìngwò). Tanto este verano para ir de Xi'an a Chengdu como en invierno para ir de Harbin a Pekín, probé las camas blandas. Se trata de compartimentos cerrados en los que hay cuatro camas (dos literas a cada lado). Cada cama tiene una luz individual y dentro del compartimento hay una tele.

 

Para este último viaje, hemos querido ahorrar al máximo y nos hemos venido en cama dura (también podríamos haber venido en asiento, pero cuarenta horas viajando así es de masocas). No sé por qué las llaman duras, porque yo no he notado que sean mucho más incómodas que las blandas. La única diferencia es que los compartimentos son abiertos (no hay puertas) y las literas, en vez de tener dos camas, tienen tres. A la vuelta vine en la de arriba del todo y lo mío me costaba cada vez que quería subir o bajar. Para mi sorpresa, apenas se escucha un ruido durante la noche (y eso que había varios niños pequeños en el vagón) y pude dormir ocho o nueve horas seguidas sin despertarme. Durante el día estábamos la mar de entretenidas viendo pasar a la gente e incluso hicimos algunos amigos. A la vuelta decidimos jugar al Uno y fue todo un éxito. Nuestros compañeros de viaje no sabían jugar, pero aprendieron pronto y en cada partida se nos unía alguien nuevo. Nos echamos unas buenas risas.

 

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Vagón con camas duras.

 

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Vistas desde lo alto de la tercera cama.

 

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Así son las bandejas de comida que venden en el tren.

 

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Jugando al Uno.

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